Al parecer, Habermas considera que la estructura teleológica es fundamental para todos los conceptos de acción. En todos los demás casos (dramatúrgico, valórico y comunicativo) se presupone la estructura teleológica de la acción, "ya que supone a los actores la capacidad de ponerse fines y un interés en la ejecución de sus planes de acción". Una estructura teleológica aparece como definitoria de las acciones en general: un agente actúa en la medida que tiene sentido la pregunta ¿por qué actúa así? y ese agente es capaz de responder a la pregunta. En breve, Habermas presupone la racionalidad en la acción. Pero esto es válido para todos los tipos de acción, en la acción teleológica para que cada sujeto persiga sus metas, en la acción valórica como acuerdo social sobre normas y tradiciones en vistas de la integración social, en la dramatúrgica como relación de un actor con su público, y en la acción comunicativa como un proceso cooperativo de entendimiento.
Ahora, ¿qué pasa con las acciones comunicativas? Que en vistas a comunicar debemos ejecutar otras acciones como emitir determinados sonidos (locuciones) que tienen un significado (tienen sentido), que pertenecen a un lenguaje que la otra persona entiende y que, en definitiva, me sirven para entenderme con otro. Tales acciones han sido llamados actos locucionarios (y que en ocasiones incluyen actos ilocucionarios y perlocucionarios). El problema radica en que Habermas introduce otra distinción: en ocasiones usamos el lenguaje en vistas a conseguir fines (acciones teleológicas) y en otras a la comunicación en sí misma (acción comunicativa). Esto parece implicar que las acciones comunicativas no pueden ser acciones ejecutadas en vistas a otros fines.
Habermas señala que no se trata que una misma acción pueda ser descrita como un proceso de influencia recíproca entre oponentes (acción estratégica), de un lado, y como un proceso de entendimiento entre miembros de un mismo mundo de la vida. Sino que son las acciones sociales concretas las que son o bien realizadas con actitud orientada al éxito o bien con actitud orientada al entendimiento. El acuerdo se basa en convicciones comunes y el empleo del lenguaje orientado al entendimiento es el modo original y que el uso del lenguaje orientado a otros fines es 'parásito'. Esta conclusión la extrae del estudio de la teoría de los actos de habla iniciada por Austin y continuada por Searle.
En otro lugar Habermas distingue los actos de habla de otros tipos de actos no lingüísticos. Dice que al enfrentarnos a una acción cualesquiera que esta sea podemos preguntarnos qué razones tiene el actor para llevarla a cabo. Las acciones no verbales pueden ser descritas desde la perspectiva de un observador como acciones, pero su interpretación, es decir saber qué intención tiene el actor para ejecutarlas, no podemos obtenerla por observación; "antes suponemos un contexto general que nos autoriza a sospechar tal intención. Pero aún entonces permanece la acción necesitada de interpretación". Habermas sostiene que la acción no nos dice cuales son los planes de acción del agente. En cambio, los actos de habla cumplen la condición de darnos a conocer la intención del agente. Cuando mi profesor me da una orden "entrega tu examen", entonces sé con bastante exactitud qué acción ha ejecutado: ha expresado esa determinada orden. Esto implica que un oyente puede saber por el contenido semántico de la emisión cómo se está empleando la oración emitida, es decir, qué tipo de acción se está ejecutando con ella. Esta situación lleva a Habermas a concluir: las acciones teleológicas simples se distinguen de los actos de habla porque estos últimos se interpretan a sí mismos; "pues tienen una estructura autorreferencial. El componente ilocutorio fija, a modo de un comentario pragmático, el sentido en que se esta empleando lo que se dice". Su reverso también es válido: al ejecutar un acto de habla se dice también qué se hace. La expresión tiene la peculiaridad que ejecuta un acto y al mismo tiempo describe dicho acto. Pero para sacar provecho de esta peculiar reflexividad del lenguaje natural se requieren aún dos condiciones: 1) los hablantes deben compartir una misma lengua y 2) entrar en el mundo de la vida intersubjetivamente compartido de una comunidad de lenguaje.
Los actos de habla se distinguen de las acciones no verbales no sólo por este rasgo reflexivo consistente en explicarse a sí mismos, sino también por el tipo de metas que se pretenden y por el tipo de éxitos que pueden alcanzarse hablando. En un plano general todas las acciones sean o no lingüísticas, pueden entenderse como un hacer enderezado a la consecución de fines, pero como lo que buscamos es la distinción entre actividad teleológica y acción orientada a entenderse, los conceptos básicos de perseguir un fin, lograr éxitos y conseguir resultados de una acción tienen para Habermas un sentido distinto en teoría del lenguaje y teoría de la acción "los mismos conceptos básicos son interpretados de otra manera".
Desde una teoría de la acción podemos describir la acción teleológica como una intervención en el mundo objetivo, enderezada a conseguir una meta, y causalmente eficaz. El plan de la acción requiere de una interpretación de la situación donde el fin de la acción viene definido a) con independencia de los medios b) como un estado de cosas que hay que producir causalmente, c) en el mundo objetivo. Habermas sostiene que los actos de habla no caen bajo esta descripción formal. Ellos son medios (de comunicación) concebidos con el fin de entenderse donde este fin se logra sólo si el oyente comprende el significado de lo dicho y acepta la emisión (locución) como válida. Esto por otras tres condiciones: a) Las metas ilocucionarias no pueden definirse con independencia de los medios lingüísticos empleados para entenderse. El medio que es el lenguaje natural y el fin de entenderse se interpretan mutuamente. b) El hablante no consigue el fin de entenderse de un modo causal, porque el éxito ilocucionario depende del asentimiento racionalmente motivado del oyente. Subraya que los fines ilocucionarios sólo pueden alcanzarse cooperativamente, un hablante no puede imputarse a sí mismo un éxito ilocucionario, y c) el proceso de comunicación y su resultado no constituyen estados intramundanos. En el plano de la acción los participantes aparecen como entidades en el mundo (como objetos u oponentes). En cambio, como hablante y oyente adoptan una actitud realizativa en que se salen al encuentro como miembros del mundo de la vida intersubjetivamente compartido de su comunidad de lenguaje.
Los actos de habla se distinguen de las acciones por dos características: 1) las acciones comunicativas se interpretan a sí mismas y tienen una estructura reflexiva; 2) se enderezan a fines ilocucionarios que no son propósitos a realizar en el mundo objetivo, sino que se realizan por la cooperación y el asentimiento del oyente y que sólo pueden explicarse recurriendo al concepto de entendimiento inmanente al propio medio lingüístico.
Ante esta concepcion de la accion comunicativa de Habermas, el filósofo alemán Ernst Tugendhat en su artículo Habermas in Communicative Action critica este concepto de acción comunicativa partiendo de que si lo que Habermas quiere decir es que las acciones comunicativas son tales que los participantes logran sus planes individuales solamente sobre la base del consenso al que llegan mediante la comunicación, entonces lo que él llama acción comunicativa no es el acto de comunicación per se, sino que los actores tienen la intención de dejar que la búsqueda de sus propios fines dependa del consenso a que se llega por vía de la comunicación; y que todos sus actos que estarían gobernados por dicha intención, esto es lo que debe ser llamado acción comunicativa. Si esta es una interpretación correcta, dice Tugendhat, entonces la oposición que Habermas tiene en mente no es entre actos comunicacionales que son realizados por otros fines y acciones comunicativas que son realizadas por sí mismas. La oposición es entre dos distintos modos que uno tiene de subordinar los actos comunicacionales a otros fines. Las acciones comunicativas estarían deslindadas más por un tipo específico de actitud del hablante que por una estructura peculiar. Existe, según Tugendhat, una tensión en el discurso de Habermas entre el análisis general y estructural del uso del lenguaje que lleva adelante y su actitud específica frente al uso del lenguaje o frente al interlocutor en la comunicación.
Ante esta concepcion de la accion comunicativa de Habermas, el filósofo alemán Ernst Tugendhat en su artículo Habermas in Communicative Action critica este concepto de acción comunicativa partiendo de que si lo que Habermas quiere decir es que las acciones comunicativas son tales que los participantes logran sus planes individuales solamente sobre la base del consenso al que llegan mediante la comunicación, entonces lo que él llama acción comunicativa no es el acto de comunicación per se, sino que los actores tienen la intención de dejar que la búsqueda de sus propios fines dependa del consenso a que se llega por vía de la comunicación; y que todos sus actos que estarían gobernados por dicha intención, esto es lo que debe ser llamado acción comunicativa. Si esta es una interpretación correcta, dice Tugendhat, entonces la oposición que Habermas tiene en mente no es entre actos comunicacionales que son realizados por otros fines y acciones comunicativas que son realizadas por sí mismas. La oposición es entre dos distintos modos que uno tiene de subordinar los actos comunicacionales a otros fines. Las acciones comunicativas estarían deslindadas más por un tipo específico de actitud del hablante que por una estructura peculiar. Existe, según Tugendhat, una tensión en el discurso de Habermas entre el análisis general y estructural del uso del lenguaje que lleva adelante y su actitud específica frente al uso del lenguaje o frente al interlocutor en la comunicación.

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